Si viajas a Egipto y buscas una experiencia histórica diferente, el Pilar de Pompeyo es uno de esos monumentos que te sorprenden mucho más de lo que imaginas. No es solo una columna gigantesca levantada en medio de antiguos restos romanos: es un testigo silencioso de reyes, guerras, alianzas políticas, templos desaparecidos y la época dorada de Alejandría.
Ubicado en la meseta de Karmouz, este monumento se alza como un faro del pasado, recordándote que Alejandría fue una ciudad donde conviven culturas griegas, egipcias y romanas. Aquí comienzas un viaje por una historia fascinante que mezcla poder, religión, ingeniería y misterio.
El Pilar de Pompeyo es una columna de granito rojo de Asuán, una de las más altas jamás construidas en el mundo romano. Se eleva sobre más de 26 metros, y su función no fue decorativa, sino un homenaje monumental al emperador romano Diocleciano, uno de los gobernantes más influyentes del siglo III d. C.
Aunque se le conoce como “Pilar de Pompeyo”, este nombre es completamente incorrecto. No tiene ninguna relación con el general romano Pompeyo Magno. El error proviene de una interpretación medieval equivocada, pero el nombre quedó grabado en la historia.
Hoy, el monumento forma parte del Parque Arqueológico de las Ruinas de Serapeum, donde también puedes descubrir túneles, galerías y restos de la antigua biblioteca hija de Alejandría.
No es de Pompeyo… ¿entonces de quién?
El pilar fue construido para honrar al emperador Diocleciano, quien salvó a Alejandría durante un período de conflictos internos y hambrunas. Para agradecer su apoyo después de sofocar una rebelión, los habitantes de la ciudad levantaron este enorme monumento alrededor del año 298 d. C.
Durante la Edad Media, viajeros europeos pensaron que aquí estaba enterrado el cuerpo de Pompeyo, el general asesinado en Egipto. Sin embargo, no existe ninguna evidencia arqueológica que respalde esta teoría.
El pilar se encontraba dentro del gran complejo del Serapeum de Alejandría, un templo dedicado a Serapis, una deidad híbrida creada para unir elementos griegos y egipcios. Era un centro religioso, cultural y filosófico donde se guardaban libros, se debatía sobre ciencia y se rendía culto.
El Serapeum fue tan importante que llegó a albergar parte de la Biblioteca de Alejandría, especialmente cuando la colección original sufrió incendios y saqueos.
La columna está hecha de un solo bloque de granito rojo traído desde Asuán, a más de 900 km al sur. Imagina el esfuerzo:
Esto ya te demuestra la grandeza arquitectónica del mundo antiguo.
La columna tiene:
Al acercarte, verás la perfección del granito pulido y una presencia imponente que impresiona incluso en pleno siglo XXI.
Cuando visitas el Pilar de Pompeyo, no solo ves una columna aislada. Te encuentras con un complejo arqueológico increíble:
Cerca del pilar verás esfinges originales de la época faraónica, movidas al sitio durante la época grecorromana. Están erosionadas, pero conservan detalles muy interesantes.
Bajo la meseta, existen túneles donde alguna vez se almacenaron textos y objetos sagrados. Algunos pasadizos siguen abiertos al público.
También podrás notar fragmentos de columnas, suelos originales y muros que muestran cómo era el Serapeum antes de su destrucción.
Y además, uno de los más grandes.
Una ciudad donde convivieron tres mundos: el griego, el egipcio y el romano.
Desde la colina del pilar se observan panorámicas magníficas de Alejandría.
Como las Catacumbas de Kom el Shoqafa, el Museo Nacional y la Ciudadela de Qaitbay.
El Pilar de Pompeyo es una pieza clave para entender la mezcla cultural que hizo de Alejandría una de las ciudades más fascinantes del mundo antiguo. No solo es un logro arquitectónico impresionante, sino un símbolo de resistencia, creatividad y esplendor.
Cuando te plantas frente a él, sientes cómo la historia te envuelve. El silencio del sitio, el viento que sopla sobre las ruinas y la inmensidad del pilar te recuerdan que estás en una ciudad que alguna vez lideró el conocimiento, la ciencia y la grandeza del Mediterráneo.
Si viajas a Alejandría, este es un lugar que no puedes dejar fuera de tu ruta.